El héroe menos pensado

Actualizado: 27 de nov de 2018

Con frecuencia creemos que los actos heroicos son patrimonio de Hollywood. Esto es subestimar el poder de Dios.

Un héroe es una combinación de lo celestial con lo humano.

Un héroe, como los que Dios diseña, es alguien que está dispuesto a hacer lo correcto aun a riesgo de quedar solo en el mundo. Es alguien que cree en lo imposible aunque el resto esté sólo abierto a soluciones convencionales.

Heroico es un ejército de 300 hombres fieles contra trescientos mil soldados sin Dios; es un grupo de locos que conquistan las ciudades a los gritos y derriban muros con alabanzas. Es un anciano que construye un zoológico para navegar en medio de los océanos agitados. Un héroe de Dios es un líder inconsciente empeñado en detener el sol; es un grupo de jóvenes que lo esperan pacientes adentro de un horno incandescente. Es un anciano durmiendo entre leones hambrientos. Es un niño de doce años corrigiendo a los líderes de la Nación, es un jovencito que avergüenza a las milicias profesionales y se lanza a la batalla más grande de su vida sólo con una honda y cinco piedras. Es una mujer de dudosa reputación que se atreve a lavar los pies del Rey más grande de la historia, y secarlos con sus cabellos.

Hacer cosas maravillosas no era el mayor interés de estos héroes. Ellos solo obedecían a su Dios, y con gran fe transformaban en pequeños los enormes desafíos.

Dios tenía cuanto espacio deseara en sus corazones.

Cada reto que se presentaba, cada risco que debían enfrentar, cada muro que parecía inconmovible despertaba el interés de Dios de tomar lo insignificante para convertirlo en una herramienta de su gloria.

Esa es la actitud de verdadero héroe: permitir que Dios siga siendo el soberano aún en los asuntos más simple de su vida.

Las heroicas hazañas de estas personas comunes no son producto de la imaginación de un guionista de ciencia ficción, sino el resultado de la dependencia de un amor capaz de lograrlo todo.

Un hombre de fe conoce sus limitaciones pero sabe que está llamado a realizar planes de un Dios que no conoce límites.

El Señor redactará con la tinta de la fe humana aquello que sólo puede escribir la mano divina.

Luis César Caballero

Fuerzas para vivir