Un poco más de Jesús

Jesús amó como si no supiese que le irían a fallar. El amó sin esperar recompensa. El amó a cada persona como si fuese única.

El amó como si nunca lo hubiesen decepcionado. El amó como si no hubiese mañana. La felicidad de Jesús estaba basada en hacer posible que  el resto se sintiera amado. Jesús se brindó como si nunca fueran a rechazar. El compartió con tal desprendimiento que podía parecer realmente no le costaba lo que daba. El amó a la gente sin cuestionar sus antecedentes y tampoco rechazó a alguno por su historial. Jesús trataba a las personas como si hubiesen hecho mérito para recibir todo su aprecio. Jesús buscó al perdido como si realmente fuera a encontrar un tesoro. Jesús perdonó como si no sería caro el precio que pagaría por el pecado de los hombres. Hubo muchos que entendieron el valor que tenían recién cuando vieron el aprecio con que Él los miraba. Él aceptaba la compañía de la gente como si no le fuera tan necesario, como para los demás, también tener un poco de descanso.

Jesús oró con tanto fervor y constancia que pudo incluirnos a todos en sus sentidas oraciones. El fue un Maestro que enseñó a sus alumnos con el manual de su propio ejemplo. Para Jesús la religión nunca se trató sólo de un culto religioso o de un conjunto de creencias denominacionales; Él vivió como si su religión no se tratara de otra cosa que de amar. Para Jesús la verdadera religión era como el amor, o sea, no se puede ocultar. Era la sal que quitaba lo insípido de la vida. Era la luz que ilumina adonde llega. Era una ciudad asentada en una montaña, algo que está a la vista de todos.

Era una casa construida en la roca, algo que ningún viento puede derribar.   Hoy como entonces, su amor no ha sufrido cambios, sigue tan inquebrantable y fiel como cuando sus sandalias dejaban huellas sobre el polvo de la tierra árida. El amor de Jesús por cada detalle de tu vida es real y verdadero. Para Él no eres un anónimo: tu vida, tu nombre y tu historia le son de completo significado. Su amor no se acabó en su muerte, sino que se perfeccionó y se hizo inagotable a través de la gracia que nos regala. Al fin de cuentas,  algo que está sostenido por verdadero amor puede sufrir duras embestidas y, sin embargo, permanecer de pie. Cualquier cosa que Dios sostiene tiene la garantía que será de bendición.

Luis César Caballero

--